Gaddafi


Ultimo discurso de Kadaffi ante las Naciones Unidas:

En nombre de la Unión Africana, quisiera saludar a los miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas, y espero que esta reunión sea una de las más históricas en la historia del mundo.
En nombre de la Asamblea General en su sexagésimo cuarto período de sesiones, presidida por Libia, de la Unión Africana, de mil reinos africanos tradicionales y en el mío propio, aprovecho esta oportunidad, en mi calidad de Presidente de la Unión Africana, para felicitar a nuestro hijo Obama porque asiste a la Asamblea General, y le damos la bienvenida por ser su país anfitrión de esta reunión.

Este período de sesiones tiene lugar en medio de muchos retos que encaramos, y el mundo entero debe unirse y mancomunar sus esfuerzos para superar los desafíos que son nuestro principal enemigo común, a saber, el cambio climático y las crisis internacionales, tales como el deterioro económico del capitalismo, las crisis alimentaria y del agua, la desertificación, el terrorismo, la inmigración, la piratería, las epidemias naturales y las causadas por el hombre y la proliferación nuclear. Tal vez la gripe H1N1 fue un virus creado en un laboratorio que quedó fuera de control, y que originalmente se había concebido como un arma militar. Entre esos retos también cabe citar la hipocresía, la pobreza, el miedo, el materialismo y la inmoralidad.
Como se sabe, las Naciones Unidas fueron fundadas por tres o cuatro países que a la sazón estaban en contra de Alemania. Las Naciones Unidas fueron creadas por naciones que se unieron contra Alemania en la segunda guerra mundial. Esos países constituyeron un órgano denominado el Consejo de Seguridad, que convirtió a esos países en miembros permanentes y les otorgó el derecho de veto. Nosotros no estábamos presentes en ese momento. Las Naciones Unidas se configuraron de acuerdo con esos tres países, que tenían la intención de que nos sumáramos a los planes originalmente concebidos contra Alemania. Esa es la esencia real de las Naciones Unidas, cuando se fundaron hace más de 60 años.

Eso sucedió en ausencia de unos 165 países, a razón de uno a ocho, es decir, uno estaba presente y ocho estaban ausentes. Esos países redactaron la Carta, de la cual tengo una copia. Al leer la Carta de las Naciones Unidas, se puede constatar que el Preámbulo de la Carta difiere de sus Artículos. ¿Cómo surgió la Carta? Todos los que asistieron a la Conferencia de San Francisco en 1945 participaron en la redacción del Preámbulo, pero dejaron los Artículos y el reglamento interno del llamado Consejo de Seguridad en manos de los expertos, los especialistas y los países interesados, países que habían establecido el Consejo de Seguridad y se habían unido en contra de Alemania.

El Preámbulo es muy atractivo, y nadie lo objeta, pero todas las disposiciones que aparecen después lo contradicen completamente. Rechazamos esas disposiciones y nunca las respaldaremos; se volvieron obsoletas con la segunda guerra mundial. En el Preámbulo se afirma que todas las naciones, pequeñas o grandes, son iguales. ¿Somos iguales en lo que respecta a los puestos permanentes? No, no lo somos. En el Preámbulo se afirma por escrito que todas las naciones son iguales, ya sean pequeñas o grandes. ¿Tenemos nosotros el derecho de veto? ¿Somos iguales? En el Preámbulo se dice que tenemos igualdad de derechos, ya sean nuestros países grandes o pequeños. Eso es lo que se declara y lo que acordamos en el Preámbulo. Por tanto, el veto contradice la Carta. No aceptamos ni reconocemos el veto.

En el Preámbulo de la Carta se afirma que no se deberá recurrir a la fuerza armada, salvo en interés común. Ese es el Preámbulo que acordamos y firmamos, y nos sumamos a las Naciones Unidas porque queríamos que la Carta reflejara eso. Se indica que sólo se recurrirá a la fuerza armada en interés común de todas las naciones, pero ¿qué ha sucedido desde entonces? Han estallado 65 guerras desde la creación de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad, 65 desde su creación, con millones de víctimas más que en la segunda guerra mundial. ¿Acaso esas guerras, así como la agresión y la fuerza que se utilizaron en esas 65 guerras, responden al interés común de todos nosotros? No; esas guerras se llevaron a cabo en aras de los intereses de uno, tres o cuatro países, pero no de todas las naciones.
Hablaremos acerca de si esas guerras respondían al interés de un sólo país o de todas las naciones. Eso contradice de manera flagrante la Carta de las Naciones Unidas que firmamos, y, a menos que actuemos de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas que acordamos, lo rechazaremos y no temeremos hablar con nadie en términos que no sean diplomáticos. Ahora hablamos del futuro de las Naciones Unidas. No debe haber hipocresía ni diplomacia porque se trata de una de las cuestiones más importantes y vitales para el futuro del mundo. La hipocresía dio lugar a las 65 guerras que han estallado desde la creación de las Naciones Unidas.

En el Preámbulo también se afirma que, si se recurre a la fuerza armada, deberá ser una fuerza de las Naciones Unidas, es decir, una intervención militar de las Naciones Unidas, con el acuerdo conjunto de las Naciones Unidas, no de uno, dos o tres países. Las Naciones Unidas en su conjunto decidirán ir a la guerra para mantener la paz y la seguridad internacionales. Desde la creación de las Naciones Unidas en 1945, si hay un acto de agresión de un país contra otro, las Naciones Unidas, en su conjunto, deben disuadir y detener esa agresión.

Si un país, Libia por ejemplo, agrediera a Francia, entonces la Organización entera respondería porque Francia es un Estado Miembro soberano de las Naciones Unidas y todos compartimos la responsabilidad colectiva de proteger la soberanía de todas las naciones. Sin embargo, se han emprendido 65 guerras de agresión sin que las Naciones Unidas hayan hecho algo por impedirlas. Otras ocho grandes guerras violentas, cuyas víctimas suman unos 2 millones de personas, han sido emprendidas por Estados Miembros que disfrutan de los poderes de veto. Esos países que pretenden que creamos que tratan de mantener la soberanía e independencia de los pueblos utilizan en realidad la agresión contra los pueblos. Si bien deseamos creer que esos países desean trabajar por la paz y la seguridad en el mundo y proteger a los pueblos, han recurrido por el contrario a las guerras de agresión y a la conducta hostil. Al disfrutar del veto que ellos mismos se otorgaron como miembros permanentes del Consejo de Seguridad, han iniciado guerras que han cobrado la vida de millones de víctimas.
El principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados está consagrado en la Carta de las Naciones Unidas. Por consiguiente, ningún país tiene derecho a intervenir en los asuntos de ningún Gobierno, sea democrático o dictatorial, socialista o capitalista, reaccionario o progresista. Eso es responsabilidad de cada sociedad; es un asunto interno del pueblo del país en cuestión. Los senadores de Roma en una ocasión nombraron dictador a su líder, Julio César, porque era conveniente para Roma en ese momento. Nadie puede decir que Roma en aquel momento le diera a César el veto. El veto no se menciona en la Carta.
Ingresamos a las Naciones Unidas porque pensamos que éramos iguales, sólo para comprobar que un país puede objetar todas las decisiones que adoptemos. ¿Quién le dio a los Estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad esa condición? Cuatro de ellos se concedieron esa condición ellos mismos. El único país que nosotros en esta Asamblea elegimos con la condición de Estado miembro permanente en el Consejo de Seguridad es China. Ello se hizo democráticamente, pero los demás puestos se nos impusieron de manera no democrática a través de un procedimiento dictatorial llevado a cabo en contra de nuestra voluntad, y no debemos aceptarlo.
La reforma del Consejo de Seguridad que necesitamos no es la de un aumento en el número de miembros, lo que sólo empeoraría las cosas. Para utilizar una expresión común, muchas manos en un plato tocan a arrebato. Añadiría leña al fuego. Se empeorarían las cosas sencillamente aumentando más países grandes a los que ya disfrutan de su condición de miembros del Consejo. Sencillamente perpetuaría la proliferación de las superpotencias. Por consiguiente, rechazamos que se aumente el número de puestos permanentes. La solución no es contar con más puestos permanentes, lo que sería muy peligroso. Aumentar las superpotencias aplastaría a los pueblos de los países pequeños, vulnerables y del tercer mundo, que se están agrupando en lo que se ha denominado el Grupo de los 100. Cien países pequeños que se unen en un foro que un miembro ha denominado el Foro de los Países Pequeños.
Esos países serían aplastados por las superpotencias si se concede a nuevos países grandes la condición de miembros del Consejo de Seguridad. Esa puerta debe cerrarse; lo rechazamos enérgica y categóricamente. El aumento de los puestos del Consejo de Seguridad aumentaría la pobreza, la injusticia y la tensión a nivel mundial, así como la gran competencia entre ciertos países como Italia, Alemania, Indonesia, India, el Pakistán, Filipinas, Japón, Brasil, Nigeria, Argentina, Argelia, Libia, Egipto, República Democrática del Congo, Sudáfrica, Tanzania, Turquía, Irán, Grecia y Ucrania. Todos esos países procurarían un puesto en el Consejo de Seguridad, haciendo que su composición sea casi tan grande como la de la Asamblea General y dando lugar a una competencia poco práctica.
¿Cuál podría ser la solución? La solución es que la Asamblea General adopte una resolución vinculante bajo la dirección del Sr. Treki sobre la base de la voluntad de la mayoría de los miembros de la Asamblea sin tener presente las consideraciones de ningún otro órgano. La solución es cerrar el ingreso de nuevos Estados como miembros del Consejo de Seguridad. Este tema figura en el programa de la Asamblea General en este período de sesiones presidido por el Sr. Treki. La condición de miembro a través de las uniones y el traspaso de mandatos deben sustituir otras propuestas.
Debemos centrarnos en el logro de la democracia sobre la base de la igualdad de los Estados Miembros. Debe haber igualdad entre los Estados Miembros y los poderes y mandatos del Consejo de Seguridad deben transferirse a la Asamblea General. La condición de miembros debe ser para las uniones, no los Estados. El aumento del número de Estados Miembros daría derecho a todos los países a tener un puesto, de conformidad con el espíritu del Preámbulo de la Carta.

Ningún país podría negarle a Italia, por ejemplo, un puesto en el Consejo si se le diera un puesto a Alemania. Por poner un ejemplo, Italia podría decir que Alemania fue un país agresor y derrotado en la segunda guerra mundial. Si diéramos un puesto a la India, el Pakistán diría que es también un país nuclear y merece un puesto, y esos dos países están en guerra. Esa sería una situación peligrosa. Si diéramos un puesto al Japón, entonces tendríamos que dar uno a Indonesia, el país musulmán más grande del mundo. Luego Turquía, el Irán y Ucrania plantearían la misma exigencia. ¿Qué podríamos decir a la Argentina o al Brasil? Libia merece un puesto por sus esfuerzos al servicio de la seguridad mundial al descartar el programa de armas de destrucción en masa. Luego Sudáfrica, Tanzania y Ucrania exigirían lo mismo. Todos esos países son importantes. Se deben cerrar las puertas a la condición de miembros del Consejo de Seguridad.
Ese enfoque es falso, una ardid que se ha planteado. Si queremos reformar a las Naciones Unidas, aumentar las superpotencias no es la manera. La solución es promover la democracia a nivel del congreso general del mundo, la Asamblea General, a la que se le deben transferir los poderes del Consejo de Seguridad. El Consejo de Seguridad se convertiría sencillamente en un instrumento para aplicar las decisiones adoptadas por la Asamblea General, que sería el parlamento, la asamblea legislativa, del mundo.
Esta Asamblea es nuestro foro democrático y el Consejo de Seguridad debería responder ante ella: no debemos aceptar la situación actual. Estos son los legisladores de los Miembros de las Naciones Unidas, y sus resoluciones deben ser vinculantes. Se dice que la Asamblea General debe hacer todo lo que recomiende el Consejo de Seguridad. Todo lo contrario: el Consejo de Seguridad debe hacer todo lo que decida la Asamblea General. Estas son las Naciones Unidas, la Asamblea formada por 192 países. No es el Consejo de Seguridad, que sólo cuenta con 15 de los Estados Miembros.
¿Cómo podemos estar satisfechos con la paz y la seguridad mundiales si el mundo entero está controlado por tan sólo cinco países? Somos 192 naciones y países, somos como el Speaker’s Corner de Hyde Park, en Londres. Simplemente hablamos y nadie ejecuta nuestras decisiones. Somos un simple elemento decorativo, sin ninguna importancia real. Somos el Speaker’s Corner, nada más y nada menos. Pronunciamos discursos y desaparecemos. Eso es lo que somos en estos momentos.
Cuando el Consejo de Seguridad se convierta únicamente en un órgano ejecutivo de las resoluciones aprobadas por la Asamblea General, no habrá competencia para ser miembro del Consejo. Cuando el Consejo de Seguridad se convierta en un instrumento para la aplicación de las resoluciones de la Asamblea General, ya no será necesaria la competencia. El Consejo de Seguridad debería, simplemente, representar a todas las naciones. De conformidad con la propuesta presentada a la Asamblea General, en el Consejo de Seguridad habría puestos permanentes para todas las uniones y todos los grupos de países.
Los 27 países de la Unión Europea deberían tener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad. Los países de la Unión Africana deberían tener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad. Los países de América Latina y de la ASEAN deberían tener puestos permanentes. La Federación de Rusia y los Estados Unidos de América ya son miembros permanentes del Consejo de Seguridad. La Comunidad del África Meridional para el Desarrollo (SADC), cuando se haya establecido del todo, debería tener un puesto permanente. Los 22 países de la Liga de los Estados Árabes deberían tener un puesto permanente. Los 57 países de la Organización de la Conferencia Islámica deberían tener un puesto permanente. Los 118 países del Movimiento de los Países No Alineados deberían tener un puesto permanente.

También está el Grupo de los 100; quizá los países pequeños deberían también tener un puesto permanente. Quizá también podría asignarse un puesto permanente a los países no incluidos en las uniones que he mencionado para que lo ocupen por rotación, cada seis o doce meses. Estoy pensando en países como el Japón o Australia, que no pertenecen a organizaciones como la ASEAN, o la Federación de Rusia, que no es miembro de las uniones europeas, latinoamericanas o africanas. Esa sería una solución para ellos si el voto de la Asamblea General fuera favorable.
La cuestión es de vital importancia. Como ya se ha mencionado, la Asamblea General es el Congreso y el Parlamento del mundo, el líder mundial. Somos las naciones, y no reconoceremos a nadie que esté fuera de la Asamblea General. El Presidente de la Asamblea, Sr. Ali Abdussalam Treki, y el Secretario General, Sr. Ban Ki-moon, elaborarán el proyecto jurídico y crearán los comités necesarios para someter esta propuesta a votación, a saber, que a partir de ahora el Consejo de Seguridad esté formado por uniones de naciones. De este modo, tendremos justicia y democracia, y ya no tendremos un Consejo de Seguridad formado por países que han sido elegidos por tener armas nucleares, economías ricas o tecnología de avanzada. Eso es terrorismo. No podemos permitir que el Consejo de Seguridad sea dirigido por superpotencias; eso es terrorismo en sí mismo y por sí solo.
Si queremos que el mundo esté unido, sea seguro y pacífico, eso es lo que debemos hacer. Si queremos seguir viviendo en un mundo en guerra, ustedes eligen. Seguiremos teniendo conflictos y luchando hasta el día del juicio final o hasta el fin del mundo. Todos los miembros del Consejo de Seguridad deben poder ejercer el derecho de veto; de lo contrario, deberíamos eliminar totalmente el concepto del veto con esta nueva formación del Consejo. Ese sería un verdadero Consejo de Seguridad. Según las nuevas propuestas presentadas a la Asamblea General, se trataría de un consejo ejecutivo controlado por la Asamblea General, que tendría el verdadero poder y dictaría todas las reglas.

De este modo, todos los países estarían en pie de igualdad en el Consejo de Seguridad, como ya lo están en la Asamblea General. En la Asamblea General se nos trata a todos por igual, como miembros y en las votaciones. Lo mismo debería ocurrir en el Consejo de Seguridad. Actualmente, un país tiene derecho de veto, otro no lo tiene; un país es miembro permanente, otro no lo es. No deberíamos aceptarlo ni aceptar ninguna resolución aprobada por el Consejo de Seguridad con su composición actual. Estuvimos sometidos a tutela; fuimos colonizados y ahora somos independientes. Hoy estamos aquí para decidir el futuro del mundo en forma democrática, a fin de que se mantengan la paz y la seguridad de todas las naciones, grandes y pequeñas, en pie de igualdad. Lo contrario equivale al terrorismo, puesto que terrorismo no es sólo Al-Qaida, sino que puede adoptar otras formas.
Deberíamos guiarnos exclusivamente por la mayoría de votos en la Asamblea General. Si la Asamblea General adopta una decisión por votación, habría que acatar sus deseos y ejecutar sus decisiones. Nadie está por encima de la Asamblea General; quien diga que está por encima de la Asamblea General, debería abandonar las Naciones Unidas e ir por su cuenta. La democracia no es para los ricos ni para los más poderosos, ni para quienes practican el terrorismo. Todas las naciones deberían estar en pie de igualdad y deberían ser consideradas iguales.

Actualmente, el Consejo de Seguridad es feudalismo de seguridad, feudalismo político para quienes ocupan puestos permanentes, puestos que los protegen y ellos utilizan contra nosotros. No debería llamarse Consejo de Seguridad, sino Consejo del terror. En nuestra vida política, recurren al Consejo de Seguridad cuando tienen que utilizarlo contra nosotros. Si no necesitan hacerlo, no le hacen caso. Si tienen algún interés que promover, respetan y ensalzan la Carta de las Naciones Unidas, recurren al Capítulo VII de la Carta y lo usan contra las naciones pobres. No obstante, si desean violar la Carta, no la tienen en cuenta, como si no existiera.

Conceder el derecho de veto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad a los que tienen el poder es una injusticia y un acto terrorista, y no deberíamos tolerarlo. No deberíamos vivir a la sombra de esta injusticia y del terror.

Las superpotencias tienen intereses mundiales complejos y usan el derecho de veto para proteger esos intereses. Por ejemplo, en el Consejo de Seguridad usan el poderío de las Naciones Unidas para proteger sus intereses y aterrorizar e intimidar al tercer mundo haciendo que viva bajo la sombra del terror.

Desde el principio, a partir de su creación en 1945, el Consejo de Seguridad no ha brindado seguridad. Por el contrario, ha sembrado el terror y aplicado sanciones. Se usa solamente contra nosotros. Por esta razón, ya no estaremos comprometidos a aplicar las resoluciones del Consejo de Seguridad después de este discurso, que marca el cuadragésimo aniversario.

Han estallado 65 guerras: ya sean luchas entre países pequeños o guerras de agresión libradas por las superpotencias contra nosotros. El Consejo de Seguridad, en flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas, no adoptó medidas para poner fin a estas guerras o actos de agresión contra pueblos y naciones pequeños.
La Asamblea General se pronunciará sobre una serie de propuestas históricas. Actuamos unidos o nos fragmentaremos. Si cada nación fuera a tener su propia versión de la Asamblea General, del Consejo de Seguridad y de los diversos instrumentos, y si fuera a estar en un pie de igualdad, las Potencias que actualmente ocupan los puestos permanentes se verían limitadas a usar sus propios órganos soberanos, ya sean tres o cuatro, y tendrían que ejercer sus derechos contra ellas mismas. Eso no es de nuestra incumbencia.
Si quieren conservar sus puestos permanentes, eso está bien; los puestos permanentes no nos incumben. Nunca nos someteremos a su control o a su ejercicio del derecho de veto que se les ha otorgado. No somos tan necios como para dar el derecho de veto a las superpotencias para que lo usen de modo que puedan tratarnos como ciudadanos de segunda clase y como naciones marginadas. No somos nosotros quienes decidimos que esos países son superpotencias y naciones respetadas que tienen la facultad de actuar en nombre de 192 países.
Los miembros deben estar plenamente conscientes de que hacemos caso omiso de las resoluciones del Consejo de Seguridad porque esas resoluciones se usan solamente contra nosotros y no contra las superpotencias que tienen puestos permanentes y el derecho de veto. Esas Potencias nunca usan ninguna resolución en contra de sí mismas.
Sin embargo, usan las resoluciones contra nosotros. Esa aplicación ha convertido a las Naciones Unidas en una parodia de sí mismas y ha generado guerras y violaciones de la soberanía de Estados independientes. Ha causado la comisión de crímenes y genocidios. Todo esto transgrediendo la Carta de las Naciones Unidas.

Ya que nadie presta atención al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cada país y cada comunidad ha establecido su propio consejo de seguridad, y el Consejo de Seguridad de aquí ha quedado aislado.
La Unión Africana ya ha creado su propio Consejo de Paz y Seguridad, la Unión Europea ya ha creado un consejo de seguridad y los países de Asia ya han creado su propio consejo de seguridad. En breve, América Latina tendrá su propio consejo de seguridad, como lo tendrán las 120 naciones no alineadas.

Esto significa que ya hemos perdido confianza en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que no nos ha garantizado la seguridad, y por eso ahora estamos creando nuevos consejos regionales de seguridad.
No estamos comprometidos a obedecer las normas o las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en su modalidad actual porque es antidemocrático, dictatorial e injusto. Nadie puede forzarnos a adherirnos al Consejo de Seguridad o a obedecer o a cumplir con sus resoluciones u órdenes emitidas por el Consejo de Seguridad en su composición actual.

Además, no se respeta a las Naciones Unidas y a la Asamblea General, órgano que actualmente constituye las verdaderas Naciones Unidas, pero cuyas resoluciones no son vinculantes. Las decisiones de la Corte Internacional de Justicia, el órgano internacional de justicia, apuntan solamente a los países pequeños y a las naciones del tercer mundo. Los países poderosos eluden las decisiones de la Corte. O, si las decisiones judiciales se adoptan en contra de estos países poderosos, no se los obliga a cumplirlas.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) es un organismo importante dentro de las Naciones Unidas. Sin embargo, los países poderosos no le rinden cuentas o no se someten a su jurisdicción. Hemos descubierto que el OIEA se usa únicamente contra nosotros. Se nos ha dicho que es un organismo internacional pero, si ese es el caso, entonces todos los países del mundo deberían estar bajo su jurisdicción. Si no es verdaderamente internacional, entonces inmediatamente después de este discurso ya no deberíamos aceptarlo y deberíamos clausurarlo.

El Sr. Treki, en su calidad de Presidente de la Asamblea General, debería hablar con el Director General del OIEA, Sr. ElBaradei, y preguntarle si está dispuesto a verificar la acumulación de energía nuclear en todos los países e inspeccionar todos los aumentos de los que se sospeche. Si su respuesta es afirmativa, entonces aceptamos la jurisdicción del Organismo. Pero si dice que no puede examinar a algunos países que poseen energía nuclear y que no tiene jurisdicción sobre ellos, entonces debemos clausurar el Organismo y no someternos a su jurisdicción.

Para su información, llamé al Sr. ElBaradei cuando tuvimos el problema de la bomba nuclear de Libia. Llamé al Sr. ElBaradei y le pregunté si los acuerdos de las superpotencias destinados a reducir los materiales nucleares estaban sujetos al control del Organismo y si se los inspeccionaba, y si conocía todos los aumentos de sus actividades nucleares. Me dijo que no estaba en condiciones de solicitar a las superpotencias que se sometieran a una inspección.

Por consiguiente, me pregunto si el Organismo nos inspecciona únicamente a nosotros. Si es así, no cumple los requisitos de un organismo internacional, ya que es selectivo, como el Consejo de Seguridad y la Corte Internacional de Justicia. Esto no es equitativo ni tampoco lo son las Naciones Unidas. Rechazamos totalmente esta situación.
Sr. Presidente: En lo que respecta a África, ya sea que se efectúe la reforma en las Naciones Unidas o no, e incluso antes de que se someta a votación cualquier propuesta de carácter histórico, debemos otorgarle un puesto permanente en el Consejo de Seguridad ahora, ya que se ha esperado demasiado tiempo.

Dejando de lado la reforma de las Naciones Unidas, podemos decir que, sin lugar a dudas, África fue colonizada, aislada y perseguida y se usurparon sus derechos. Su población fue esclavizada y tratada como animales, y su territorio fue colonizado y sometido a un régimen de administración fiduciaria. Los países de la Unión Africana merecen un puesto permanente. Esta es una deuda del pasado que tiene que pagarse y no tiene nada que ver con la reforma de las Naciones Unidas. Es un asunto de carácter prioritario y es una prioridad del programa de la Asamblea General. Nadie puede decir que la Unión Africana no merece un puesto permanente.

¿Quién puede disentir con esta propuesta? Desafío a cualquiera a que formule un argumento en contra de ella. ¿Dónde está la prueba de que la Unión Africana o el continente africano no merecen un puesto permanente? Nadie puede negar esto.

Otra cuestión que debería someterse a votación en la Asamblea General es la de indemnizar a los países que fueron colonizados para que no se colonice nunca más a un continente, no se usurpen sus derechos ni se saqueen sus riquezas.

¿Por qué los africanos van a Europa? ¿Por qué van a Europa los asiáticos? ¿Por qué los latinoamericanos van a Europa? Porque Europa colonizó a esos pueblos y usurpó los recursos materiales y humanos de África, Asia y América Latina, a saber, el petróleo, los minerales, el uranio, el oro y los diamantes, las frutas, los vegetales, el ganado y el pueblo, y los utilizaron. Ahora, las nuevas generaciones de asiáticos, latinoamericanos y africanos están tratando de recuperar esa riqueza robada, ya que les asiste ese derecho.
En la frontera libia, recientemente detuve a 1.000 migrantes africanos que se dirigían a Europa. Les pregunté por qué se iban para Europa. Me respondieron que lo hacían para recuperar la riqueza que les habían robado y que, de lo contrario, no irían a Europa. ¿Quién puede restituirnos la riqueza que nos quitaron? Si deciden restituir toda esta riqueza, no habría más inmigración procedente de Filipinas, América Latina, Mauricio y la India. Queremos tener la riqueza que nos robaron. África merece 777 billones de dólares en concepto de indemnización de los países colonizadores. Los africanos exigirán esa cantidad, y si no se les da, irán a los lugares adonde se llevaron esos billones de dólares. Tienen derecho a hacerlo. Tienen que ir en busca de ese dinero y recuperarlo.

¿Por qué no hay inmigración de Libia a Italia, a pesar de la cercanía de Libia? Italia debía una indemnización al pueblo libio. Aceptó el hecho y firmó un acuerdo con Libia, que fue aprobado por los Parlamentos de Italia y de Libia. Italia reconoció que haber colonizado Libia fue un error en que nunca más incurriría, y prometió que no atacaría al pueblo libio por tierra, mar o aire. Italia también aceptó indemnizar a Libia 250 millones de dólares anuales durante los próximos 20 años y construir un hospital para los mutilados libios como resultado de las minas colocadas en territorio libio durante la segunda guerra mundial. Italia ofreció disculpas y prometió que nunca más volvería a ocupar el territorio de otro país. Italia, que fue un reino durante el régimen fascista y ha hecho valiosas contribuciones a la civilización, debe recibir felicitaciones por este logro, junto con el Primer Ministro Berlusconi y su predecesor, que hicieron sus propias contribuciones en ese sentido.
¿Por qué el tercer mundo exige indemnización? Para que no haya más colonización, para que los países grandes y más poderosos no colonicen a otros, para que se sepa que tendrían que pagar indemnización. La colonización debe castigarse. Los países que perjudicaron a otros pueblos durante la era colonial deben pagar indemnización por los daños y el sufrimiento que ocasionaron bajo el dominio colonial.
Deseo formular otra observación. No obstante, antes de hacerlo y de abordar una cuestión algo delicada, quisiera hacer una digresión. A nosotros los africanos nos alegra y nos enorgullece el hecho de que el actual Presidente de los Estados Unidos de América sea un hijo de África. Es un acontecimiento histórico. Ahora bien, en un país donde otrora los negros no podían mezclarse con los blancos en los cafés o los restaurantes ni sentarse junto a ellos en un ómnibus, el pueblo estadounidense ha elegido como su Presidente a un joven negro, el Sr. Obama, de ascendencia keniana. Eso es algo maravilloso, de lo cual nos sentimos orgullosos. Es el comienzo de un cambio. Sin embargo, en lo que a mí respecta, Obama es un alivio temporal para los próximos cuatro u ocho años. Me temo que después tengamos que volver a empezar desde cero. Nadie puede asegurar cómo se gobernará a los Estados Unidos después de Obama.
Estaríamos contentos si pudiera ser el Presidente de los Estados Unidos para siempre. La declaración que acaba de formular demuestra que es totalmente diferente de cualquier Presidente estadounidense que hayamos visto. Los Presidentes estadounidenses solían amenazarnos con todo tipo de armas, diciendo que nos enviarían las operaciones Tormenta del Desierto, Uvas de la Ira y Rolling Thunder así como rosas envenenadas para los niños libios. Ese era su enfoque. Los Presidentes estadounidenses solían amenazarnos con operaciones como Rolling Thunder, enviada a Viet Nam; Tormenta del Desierto, enviada al Iraq; Mosquetero, enviada a Egipto en 1956, aun cuando los Estados Unidos se opusieron; y las rosas envenenadas que Reagan envió a los niños libios. ¿Pueden imaginarse? Cabría haber pensado que los Presidentes de un país grande con un puesto permanente en el Consejo de Seguridad y con derecho de veto nos habrían protegido y nos habrían enviado la paz. ¿Qué recibimos en cambio? Bombas dirigidas por láser transportadas en aeronaves F-1. Este era su enfoque: nosotros dirigiremos el mundo les guste o no, y castigaremos a todo el que se oponga a nosotros.
El discurso que pronunció nuestro hijo Obama hoy es completamente diferente. Hizo un llamamiento serio a favor del desarme nuclear, lo cual aplaudimos. Dijo también que los Estados Unidos por sí solos no podrían resolver los problemas que enfrentamos y que el mundo entero debería unirse con ese fin. Dijo que debemos hacer más de lo que hacemos ahora, que es pronunciar discursos. Estamos de acuerdo y lo celebramos. Dijo que habíamos venido a las Naciones Unidas a hablar unos contra otros. Cierto es que cuando venimos aquí, deberíamos comunicarnos mutuamente en pie de igualdad. Dijo, además, que la democracia no debe imponerse desde afuera. Hasta hace poco, los Presidentes estadounidenses decían que debería imponerse la democracia al Iraq y a otros países. Dijo que eso era un asunto interno. Habló con franqueza cuando dijo que la democracia no puede imponerse desde afuera.
Así que tenemos que ser cautos. Antes de plantear esas observaciones delicadas, señalo que el mundo está muy polarizado. ¿Acaso el mundo debería estar tan polarizado? ¿Acaso las naciones no pueden estar en condiciones de igualdad? Busquemos una respuesta. ¿Alguien puede responder si es mejor que el mundo esté tan polarizado? ¿Por qué no podemos estar en condiciones de igualdad? ¿Debemos tener patriarcas? ¿Debemos tener papas? ¿Debemos tener dioses?

¿Por qué tiene que estar el mundo tan polarizado? Rechazamos ese tipo de mundo y pedimos un mundo en que los grandes y los pequeños sean iguales.

Tomado de Rafapal.

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